DON JUAN EN DORIGA
El indiano Juan Fernández Bao era conocido como Juan de las Onzas.
Ya te puedes imaginar por qué.
No sé si iba presumiendo de su fortuna o era muy dadivoso y dejaba caer monedas a su paso.
Cuentan que una vez al año, tras la cosecha, una muchedumbre se juntaba delante de su casa para pagar las rentas de las docenas -dicen que cientos- de fincas de su propiedad que tenía arrendadas.
Eso ocurría en el pueblo de Loro, Pravia, donde Juan había nacido.
Forjó una gran fortuna en la distribución del tabaco en Cuba y regresó a España con su hija Alejandrina tras descubrir la infidelidad de su esposa.
Además de reformar la casa natal de Loro para su madre, levantó un palacete en el centro de Grado -obra de Juan Miguel de la Guardia- y se preocupó de casar bien a su única hija.

DORIGA FUE UNA FIESTA
Alejandrina contrajo matrimonio con Indalecio Corugedo, recibiendo como regalo de boda el palacio de Doriga (Salas) que su padre compró a un vizconde arruinado en el juego.
El interior del palacio se conserva en buen estado y tiene el encanto de ser un espacio del siglo XV con una decoración de la nueva burguesía indiana que afloró a principios del s.XX
Hay un reportaje completo en el volumen II de Palacios y Casonas de Asturias.
Dentro de la finca se diseñó un hermoso jardín donde la pareja celebraba fiestas – hoy muy desfigurado- y se encargaron unas interesantes construcciones al arquitecto Luis Bellido a principios de 1900.
PD. Ver post a modo de prólogo sobre Luis Bellido.
DOS ENTRADAS PARA DOS NOBLEZAS
Dicen que el vizconde murió en Montecarlo de madrugada, el día de Nochevieja.
Una forma poética de morir para un noble, como caer abatido en un duelo en medio del bosque.
Lo cierto es que aquí en Asturias, los nuevos ricos indianos estaban tomando la delantera a las familias de largos apellidos compuestos, incluso se atrevieron a aspirar a títulos nobiliarios.
El Palacio de Doriga cambió de dueños y se modernizó por obra y gracia de las onzas.
Ahora tenía dos entradas para dos noblezas.
La de siempre, con torreones y saeteras, y la modernista compitiendo en monumentalidad.
La primera con los escudos nobiliarios y la segunda con las iniciales IC (Indalecio Corugedo).



Esa nueva entrada comunicaba con el palacio y el jardín atravesando una avenida de árboles por donde entraban rugiendo aquellos primeros automóviles.


Supongo que el sentido práctico del indiano le llevó a encargar a Luis Bellido este exquisito conjunto de construcciones como base para la explotación de las fincas.
Llama la atención el edificio principal con la torre palomar, que alberga cuadras, una vivienda de caseros y otras dependencias.




A continuación, la entrada principal a la cuadra y a su lado el granero.



Todo el conjunto está siendo restaurado ante la atenta mirada de un viejo palomar del siglo XIV que aguarda mejor suerte.

PD. Mi agradecimiento a otro Juan, descendiente de todos los anteriores, por las historias, el café y la amabilidad.
No deja de maravillarme y sorprenderme cada vez que nos hablas en el blog de este palacio. La propiedad es magnífica, y tiene tantos espacios y construcciones que pareciera pensada para vivir en ella de forma autosuficiente.
La torre del palomar del SXIV es especialmente bonita.
Todavía recuerdo los reportajes de los jardines, y sobre todo, el post del impresionante baño.
Dices que lo están restaurando, me alegro mucho. ¿Están en ello entonces los propietarios, los hijos de Valentín Andrés, o ha cambiado la finca de manos?
Maria, si, son los hijos los que continúan con ls propiedad. Aunque lo tienen en venta también valoran otras opciones y siguen restaurando por zonas. La finca es enorme. A mi me encanta el palacio y estas construcciones especialmente.