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CORAZÓN PARTIDO

Anochece cuando empujo la portilla entreabierta de la que cuelga una cadena oxidada. Unas cuantas ovejas se acercan cautas a recibirme, pero en seguida dejo de interesarles, no traigo comida.

A mi izquierda hay una construcción que parece un palomar, pero me llama la atención una triste edificación en la esquina de la finca, ¿sería un cenador, un mirador?, quedan restos de una balaustrada en la cubierta.

Voy repitiendo en voz alta “¿Puedo pasar?”, algo absurdo teniendo en cuenta que ya he cruzado casi toda la finca, un páramo de ortigas y barro. Algunas ovejas me siguen, no pierden la esperanza de que la cámara en mi mano sea comestible.

Alguien asoma por detrás de una fina columna que parece sostener ella solita toda esta casa que se viene abajo, como en un número de circo donde el payaso mantiene en el aire una silla con tan solo una pata apoyada en su nariz. El hombre es afable, ha venido por casualidad porque un vecino le avisó que una de las ovejas estaba patas arriba y era incapaz de ponerse en pie.

Le pido permiso para hacer unas fotos y él me dice que vale, que está oscureciendo, que me deja allí, y que más tarde volverá a cerrar la portilla. Pienso por un momento que podría dejarme encerrado, que la historia de la oveja me da la risa, y al verlo alejarse tomo conciencia de que apenas hay luz, que es tarde para fotos y demasiado tarde para esta preciosa casa que en la penumbra tiene el color de la mantequilla.

No tengo trípode, he venido paseando sin prisa por Villalegre, y es la primera vez que veo abierta la puerta del chalé de José Rodríguez Maribona, miembro de una importante familia de indianos. Recuerdo esas fotos antiguas llenas de gente mientras me apoyo en una palmera, un muro, una columna, cualquier cosa para ganar estabilidad y contener la respiración al ritmo del obturador.

Las historias se entrelazan, estoy preparando una entrada sobre Villalegre con fotos antiguas que ha mandado David, pero también otra sobre el estilo pintoresco en la arquitectura de indianos, de la que este chalé es un fiel exponente. Uno de sus signos de identidad es la guardamalleta (cenefa en madera que cuelga de los aleros). Ese adorno tan vistoso, como de mantel para celebraciones, me parece ahora mustio cuando miro al cielo y lo veo colgando, ajado, desmayado.

Doy una vuelta por el ingenioso pasadizo de hierro sostenido por columnas que libra la altura de la calle. Distingo sombras al otro lado de la verja, en la acera, se detienen un momento a comentar el estado del enfermo deshauciado: se nos va, se hunde, qué pena.

Al alejarme ya sólo distingo la silueta recortada del chalé, que revive por un instante, sobre el fondo anaranjado de las luces de vapor de sodio que iluminan Villa Sara y Villa Julita. Es noche cerrada.

P.D. A la memoria de Maria, Almudena, Mª José y los tres niños pequeños fallecidos en Burgos el sábado. La fotografía, que hace posible tantas cosas hermosas en mi vida, me dio la oportunidad de compartir momentos muy felices en compañía de toda vuestra familia. Os recuerdo.

22 Comentarios

  1. Covadonga

    Ayyyyy!!! Esta casa llora, Alejandro. La pude oir entre una y otra foto, a cuál más desoladora. Llora de abandono, de olvido, de recuerdos de tiempos mejores. No sé si quiero que se caiga y se convierta en un respetable recuerdo de una casa con elementos únicos, como la pasarela, la guardamalleta y esas preciosas ventanas. Perdemos patrimonios irremplazables. Ejemplo de lo que no debería volver a pasar.

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    • Alejandro

      Covadonga, con el invierno que estamos teniendo, la casa me pareció blanda, empapada, a punto de desmoronarse como una casita de papel en un charco. Parece irreversible y, como dices, irremplazable.

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  2. David Franqueira

    Muchas gracias Javier, es muy grato encontrar a gente que la vio todavía en condiciones «aceptables». ¿Te acuerdas en que parte de la primera planta estaba el comedor? Me causa mucha curiosidad la galería interior que tiene en la fachada que mira a la Casa de Canseco, supongo q sería un rincón agradable donde tomar el sol. Ahora tus recuerdos y los de la gente que la conoció son los únicos testimonios de su esplendor.

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    • Alejandro

      Esa pregunta sobre el comedor es complicada… Por cierto, aquí está la galería a la que te refieres.

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  3. Javier

    Hola de nuevo, lamentablemente no puedo daros muchas referencias de la casa, ya que yo era pequeño y no nos dejaban entrar en la casa, supongo que ya estaba algo deteriorada y para que no nos pasase nada.

    Recuerdo ver entrar en la casa a buscar ropas de casa, no se si se guardaban allí o se tendían en la huerta.

    Cuando alguien se despistaba y podía entrar, recuerdo el comedor de la primera planta con unos trampantojos imitando paisajes de campo bucólicos, las puertas blancas con vidrieras azul cobalto y una gran escalera de madera.

    También se conservaban unas escaleras de caracol, en hierro fundido, para salvar el desnivel entre la carretera y algunas partes de la casa, por suerte se salvaron del expolio al que fue sometida la casa por parte de los amigos de lo ajeno. Evidentemente ya no están allí.

    También recuerdo que mi madre siempre dice que de pequeña cuando jugaba en la casa, había un pasillo con una figura de un negro al final leyendo un periódico a tamaño natural, que siempre le daba miedo.

    Como os comentaba, la casa perdió su esplendor antes de nuestra guerra civil, y durante la misma, estuvo habitada por dos personas de la familia Maribona para que no fuese ocupada, ya que querían convertirla en hospital militar (yo creo que más bien vaciarla de lo que quedaba en ella).

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    • Alejandro

      Javier, qué emoción, con lo que cuentas me da todavía más nostalgia de lo maravillosa que fue la casa en un tiempo ya lejano, con mucha personalidad. 

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  4. Ramón

    Quisiera primeramente, enviar un fuerte abrazo a la familia Medio por la trágica pérdida, se le encoge a uno el corazón y más aún cuando uno tiene hijos pequeños. Respecto a la casa, también da mucha pena observar la última fotografía…, un gran contraste. Su guardamalleta es preciosa , ( lo que queda ) y también me gustaría conocer más de su historia. Saludos.

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    • Alejandro

      Gracias Ramón, respecto a la familia Medio, es difícil encontrar consuelo para tanta desgracia. No dejo de recordarles sin poder asimilar todavía lo que ha pasado. Sobre la casa, es una de las guardamalletas más grandes y elaboradas que he visto, preciosa. Un saludo.

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  5. David Franqueira

    Sería fantástico que alguien que conoció los interiores de la casa, nos contase algo sobre ellos. Sólo pensar en trampantojos, el mobiliario que debía de tener…..cuesta creer como se puede esfumar todo…

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    • Alejandro

      David, ahí queda tu petición, ya sabes que surgen sorpresas cuando menos se esperan.

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  6. Javier

    La Casa Maribona, dejo de pertenecer a la familia Maribona en los años 60, perdió su esplendor poco antes de la guerra civil española. Posiblemente debido a la quiebra de la banca Maribona.
    Durante muchos años después de su cierre definitivo, alojo la maquinaría de la fábrica de chocolates Canseco, de Avilés La profusión de trampantojos en su interior era preciosa.

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    • Alejandro

      Gracias Javier por participar (bienvenido) y por los nuevos datos sobre la casa. Creo que la noticia sobre esos trampantojos nos ponen los dientes largos a todos. Por cierto, creo que David te echa el guante (debajo, en su comentario).

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  7. Nicolás

    ¿ Qué tendrán estas casas que incluso en su agonía se resisten a perder su clase?… Parece que cuanto más viejas y decrépitas son más aumenta nuestro interés por ellas. Da la sensación que es en ese momento cuando desprenden un aroma evocador que hace que nuestras mentes empiecen a trabajar recreando un mundo sugerente alrededor de ellas . Lo viejo tiene un valor añadido, no hay duda . Y si , además, tiene el porte y la distinción como la tiene esta casa de Villalegre nos cautiva sin remisión . Lo cierto es que hasta para ser casa hay que tener suerte… Esto lo pensaría esta casa de su otra hermana, La perla, que consiguió sobrevivir muy dignamente y es , ahora, ejemplo de transformación . Todas las fotografías hacen suponer que fue preciosa. Seguro que lo fue !!! Me gusta mucho cómo , una vez más, la palmera y la secuoya hacen de centinelas de la casa, como queriendo decir » aquí estuvimos desde el principio y aquí permaneceremos » . SALUDOS

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    • Alejandro

      Nicolás, la palmera y la secuoya son como dos signos de exclamación, llaman a fijarse en la casa, y es muy cierto que la mayoría de las personas que pasan por la acera se paran un momento a mirarla con tristeza.

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  8. Mariam

    La casa de las puntillas, la llamaba yo cuando pasaba en el coche de pequeña con mis padres. Poco se puede decir, duele en el alma verla asi, casi vale mas la pena que la derriben de una vez que verla desmoronarse poco a poco, que agonía. Por lo menos sufres al verla caer, pero es radical y definitivo.
    Y la muerte de los seis miembros de la familia Medio…yo no tengo ni palabras, son esas cosas que te dejan con un regusto tan amargo que eres incapaz de quitartelo de encima. De esto no se repone uno en la vida, nunca, nunca jamás, que horror para los que se fueron, esos niños preciosos!, y que duro para los que se quedan aqui, que soledad en el cuerpo y en el alma, que devastacion, que horror despertarse cada mañana con un silencio gélido…no sé, yo creo mucho en el destino y el suyo estaba alli, y no vino a ellos, fueron ellos a su encuentro. Prefiero pensar que hay un sitio, o un algo, o que sé yo, en donde estan juntos y felices, porque si no, la verdad que la vida es un absurdo. Un abrazo, Alejandro

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    • Alejandro

      Gracias Mariam, un abrazo.

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  9. David Franqueira

    He tenido que volver a leerla, y ver las fotos. Sobre el jardín, del que ya nada queda, cuentan había un cenador a un lado de la pasarela, que contaba además con un palomar y un columbario, me imagino que también tendría cochera y un sin fin de árboles y flores que se pueden imaginar viendo las fotos antiguas. Vi hace años una foto de una fuente de manivela (no se el nombre técnico) que también había en el jardín y alguna foto del interior que hizo el Grupo Gaipo: en la cocina (una de las estancias de la planta baja) había una pintura en la pared de un bodegón de pescados. También, en el hueco de la escalera, quemada, se veían puertas y molduras muy de 1870, la casa data del 1873.

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    • Alejandro

      David, quedan algunas otras construcciones en el límite de la finca que sin duda pertenecieron a la casa: cochera, casa de caseros…, y yo saqué una foto al palomar justo entrando por detrás. El interior es, ahora mismo, un agujero negro y cochambroso, y el jardín ha desaparecido para dejar paso a las ortigas.

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  10. Lena

    ¡Ya te conocen hasta las ovejas!. ¡Debe de haber corrido la voz entre ellas y posan las 5 orgullosas ante tu cámara!. ¿Esta casa se puede ver desde el tren, verdad?. Me parece que es una edificación que se ve cuando vas en Feve, de Oviedo dirección Castrillón…siempre me ha llamado la atención, y no solo por la guardamalleta (de la que sabes soy una enamorada) me resulta tan digna y tan delicada en su calamitoso estado… que parece que un simple soplo de aire pueda echarla abajo…la luz no es la mejor, pero acentúa ese estado de ánimo triste, melancólico y decadente, que supongo sin querer has logrado… Entrada doblemente triste, Alejandro…descansen en paz.

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    • Alejandro

      Así es Lena, el tren pasa muy cerca de la parte de atrás de la finca, a menos de 50 metros. La casa está muy delicada, no sé cómo ha sobrevivido a estas últimas semanas de viento fuerte. Pura resistencia.

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  11. David Franqueira

    Me has dado una gran alegría y una gran pena. Desde la distancia la admiro y no la veo tan achacosa, pero estas fotos tan cercanas hacen evidente una verdad cruel, y que cada día veo más lejano y casi imposible su remedio. Sin lugar a duda, cuestión de cariño, pero para mí, una de las casas más bonitas y con más detalles entre las construcciones indianas… en breves estas fotos serán un recuerdo…..

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    • Alejandro

      David, el remedio está difícil, tú lo sabes mejor que nadie. Yo también la admiraba a distancia, con mucho «ruido» alrededor que aminora el impacto, pero el sábado la casualidad me permitió verla así de cerca. Triste cómo está, pero es una casa que engancha.

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