TORRE DE PEÑERUDES
Dudé demasiados días sobre qué entrada quería hacer este mes en Arquitecturas Olvidadas.
Fíjate si me quedé paralizado que ya estamos a día 16 y estoy con la entrega de Marzo.
Una serie que va de ruinas y abandonos quizá no es lo más adecuado en las actuales circunstancias de confinamiento.
En Arquitecturas Olvidadas no hay episodios enlatados de los que echar mano cuando las cosas se tuercen.
Mi lista de averías patrimoniales es desgraciadamente larga, pero la voy fotografiando a medida que el tiempo lo permite.
Y ahora no permite nada.
Entre lo que sí tenía fotografiado elegí un paisaje.
Qué mejor oportunidad para saltar más allá de estas pantallas que nos tienen cautivos y poder mirar por un segundo al infinito.

TORREÓN DE PEÑERUDES EN MORCÍN
También me empujó a mostrarte la Torre de Peñerudes algo que había oído o leído alguna vez.
Venía a decir que por aquella época, siglos XII y XIII, una red de torres y torreones cubría todo el territorio.
Su situación estratégica permitía no solo dominar sus feudos, si no verse y comunicarse entre ellos desde largas distancias.
No pasa de ser una idea romántica, sin base histórica, pero me gusta mirar estas construcciones defensivas más como faros capaces de emitir señales que como muros.
La Torre de Peñerudes es una preciosa atalaya. Está situada a 530 metros de altitud en el concejo de Morcín. Desde este lugar el paisaje todavía es virgen, podría parecerse al momento en que se erigió allá por el siglo XII.
Observada de lejos, las lindes de piedra que separan las fincas son como grietas en la tierra de las que hubiera brotado esta mole de 17 metros de altura.

La fotografié un día de viento al atardecer. Las nubes corrían sobre el cielo y el mundo parecía girar alrededor de lo que queda de ella.

Solo al bajar la vista, en la pared que mejor resiste, se observa una esquina carcomida, como si un roedor inmortal hubiera encontrado el punto débil de la Torre -David contra Goliath- y fuera capaz de doblegarla a fuerza de digerir su piedra siglo tras siglo.

Una torre en un paisaje de leyenda.

Hay Torres feudales , ésta sería un buen ejemplo , que se aferran al terreno como si la propia tierra las hubiera parido. Se mantienen casi en el aire haciendo juego de equilibrios difíciles de creer y resistiéndose a caer. Parece que tuvieran aún ese orgullo nobiliario que les da fuerza para desafiar las leyes de la gravedad.
Son auténticos supervivientes que sin tener ya vida propia se la han prestado al paisaje para enriquecerlo .
Preciosa torre , precioso paisaje y preciosas fotos .
SALUDOS
Nicolás, supongo que ocho siglos de existencia le dan derecho a fundirse con el paisaje. Pequeñas señales de civilización en mitad de la nada.
Maravillosa fotografía, Alejandro. El enclave natural es precioso, y la textura de la piedra casi que la puedes tocar. El clima me resulta familiar, llevamos toda la semana con esas nubes y esas luces aquí en los montes y campos verdes de Extremadura. Abril se despliega glorioso, con sus lluvias y tormentas
He estado un tiempo ausente, es un placer poder visitaros de nuevo.
Un abrazo.
Gracias María por regresar. Hice estas fotos en Febrero, en uno de esos días inusualmente cálidos que nos brinda el invierno, y esas nubes eran un espectáculo en si mismas. Saludos.
Un buen lugar para confinarse, sino fuera que está insalvable. En Asturias escasean, el año pasado visité la de Villa de Moros, totalmente rehabilitada para alojamiento turistico. En La zona de las Cinco villas en Aragón hay numerosas, algunas en pésimo estado, pero espectaculares. Saludos!
Alberto, tengo en mi lista de Torres pendiente de fotografiar la de Villademoros. Estaba planeando ir cuando se nos ha venido todo esto encima. Un saludo.