LOS HAIGAS DE LOS INDIANOS

In Indianos by Alejandro BrañaLeave a Comment

Hoy tengo el placer de presentaros la primera colaboración en este blog a cargo de Fernando de la Hoz.

Fernando es un experto en coches antiguos, viaja por todo el mundo en su busca, y ha escrito varios libros sobre el tema. Le he pedido que escribiera algo vinculado a los indianos y que nos aportara algunas fotos de su extensa colección.

Sin más dilación, Fernando de la Hoz:

A principios del siglo pasado el vehículo por excelencia seguía siendo el carro de vacas.

Entre el carro de vacas y los primeros automóviles pasarían pocos años. Un coche Ford costaba hacia 1912 unas 4.500 ptas. (250 pesetas más si el cliente lo quería con arranque eléctrico). Pero el lujo se llamaba Hispano-Suiza, Rolls-Royce, Packard, Cadillac.

Algunos de estos emigrados entraron a trabajar en florecientes negocios del automóvil al otro lado del charco…y empezaron a enviar coches por barco desde allí. Recuerdo que un indiano ya mayor me comentaba cómo, hacia los años 20, su padre había comprado en América un Overland, que llego a Asturias por barco, embalado en una gran caja de madera.Al llegar la caja fue recogida por una grúa del puerto que la depositó encima de un carro de bueyes y de allí se lo llevaron a su casa de Somió.

Hasta la Guerra Civil no dejaron de llegar coches al puerto del Musel. A partir de esta fecha, todos los que habían quedado guardados fueron requisados por ambos bandos y por lo general fueron destruidos en la contienda. Los que quedaron fueron reunidos en el campo de maniobras y de allí fueron devueltos a sus propietarios, siendo rechazados por muchos debido al desgaste y mal estado de muchos de ellos. Los niños de aquella época se dedicaron a ir allí a desmontar todo lo que tuviera algún valor, incluido el cobre de los neumáticos, lo que empeoraría aún más el estado de los vehículos.

Más adelante, debido a las leyes proteccionistas, los coches americanos que llegaban a mediados de los años 40 no se podían matricular a no ser que tuvieran una recomendación muy importante o pagaran el triple de su valor. Los que aquí quedaban sin documentar eran requisados y llevados al Musel, donde eran vendidos, y entonces, curiosamente, ya se podían matricular.

Hubo algún propietario que mando enterrar o tabicar el vehículo para evitar problemas con la ley. Otros propietarios les quitaban los asientos, de modo que el personal de la aduana se veía en la obligación de llevárselos usando como asiento una caja de sidra.

Esta ley absurda nos privó de haber tenido un patrimonio importantísimo.

Uno de los pocos sitios donde los indianos pudieron enseñar sus haigas a partir de los 50, fue en el Desfile del Día de América en Asturias. Allí rodarían los que habían triunfado en “Las Americas”, llegando a reunirse más de cincuenta unidades matriculados en América o con placas turísticas.

Recuerdo una vez que le preguntaron a un asturiano emigrante a Cuba el porque de regresar a Asturias. El contestó que su ilusión era volver con un “haiga” con lo que demostraría a los del pueblo que había triunfado. Y las chicas se volverían locas por él…

Gracias a las facilidades de la ultima década (Hacienda, aduanas, “Matricula Histórica”, dólares a bajo precio…) hemos intentado inundar Asturias de coches americanos para disfrute de nuestros vecinos, así como para enriquecer nuestro patrimonio.

Si los indianos nos vieran estarían orgullosos de que la tradición del “Haiga” no se haya perdido.

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