TORRE DE SIÑA

In Palacios by Alejandro Braña6 Comments

Al entrar en el concejo de Amieva te quedas embelesado con las vistas y los contrastes.

El cielo se encoge a medida que los paisajes se agigantan y las carreteras se disuelven en maleza.

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Subes y bajas, en una montaña rusa de naturaleza y asombro. Al fondo de todo y en medio de nada está la Torre de Siña, una austera construcción con vocación defensiva.

No hay señales, creo que he llegado por casualidad, y cuando apago el motor del coche soy consciente finalmente de la lejanía y de la soledad.

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Me distraigo pensando, ¿qué hacían estos señores por aquí en el siglo XVII?

Parece ser que el enclave de la torre dominaba un importante paso hacia Castilla.

Don Santiago Mier, antiguo señor de estas tierras, ponía puertas al campo.

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Vinculada a la Torre hay una capilla. Tan baja, firme y enraizada en la tierra que solo aspira a convertirse en roca.

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Comments

  1. Yo creo Alejandro, que esos señores ya en el siglo XVII, sabian muy bien lo que hacian llegando hasta esos confines, y edificando Torres o Palacios en este, y otros rincones de Asturias similares , porque el paisaje es un estallido de verdor, vida y naturaleza, que lo rodea todo. Me encanta la capillina de la torre, que tiene todo el encanto y la ternura, del mundo rural.

    Otra entrada preciosa.

    Como siempre;maravillosas las fotografias.

    1. Author

      Es la historia de la Humanidad, ¿no?, conquistar tierras y más tierras para tener el poder, aunque quizá algunos parajes tan hermosos como este no deberían de tener dueño.

  2. Afortunadamente, la naturaleza no tiene dueño, y por mucho que se empeñarán nuestros antepasados, ella fluye y nos regala su hermosura, sin pedirnos nada a cambio; solo que la cuidemos y la respetemos.

    Un abrazo.

  3. Realmente espectacular, es un enclave precioso y el paisaje una auténtica maravilla. Las fotografías como siempre captan todo el colorido, la luz y las texturas, tanto de la vegetación como de la piedra.
    A mí me ocurre como a Maria Luisa, me ha gustado mucho ver el interior de la capilla, tiene un encanto especial; tan sencilla, pulcra, y con los jarrones llenos de flores. Da la sensación de estar cuidada, pese a estar tan alejada de todo.
    Aquí en Extremadura ocurre lo mismo en algunas zonas rurales, de montes, bosques y serranías. Te encuentras una ermita en medio de la nada y ves que parece estar bien atendida, en ocasiones, por alguna persona o familia que vive en casitas aledañas a la misma o bien en las inmediaciones. Suelen ser bastante amables y la abren para que puedas visitarla.
    No sé si quizás fue este el caso, Alejandro.

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