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QUIERO UNA TORRE

En Indianos por Alejandro Braña20 Comentarios

A  la casa -bastante espartana- la alegra una cubierta vegetal que se tiñe de colores a medida que cambian las estaciones, y unos miradores de hierro que parecen brotar de sus hojas.

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Es la residencia del Marqués de Muros, en Muros de Nalón.
Constantino Fernández-Vallín -nacido en La Habana en la década de 1830- fue un hombre muy culto formado en universidades de La Habana, Friburgo y Madrid. Doctor en Derecho, ingresó en la carrera diplomática y fue senador vitalicio.
Amadeo I le distinguió con el marquesado en Muros de Pravia (hoy Muros de Nalón) donde nacieron sus padres. Podríamos considerarle indiano lo mismo que a la Marquesa de Argüelles, también nacida en La Habana y de padres emigrados a Cuba.

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En la década de 1860, Constantino compró grandes fincas en esta zona (que aún pertenecen a la familia) y reformó una antigua casa en la que -entre otras cosas- levantó una original torre de ladrillo visto. Llama la atención que la situara en la parte de atrás, no destaca en el conjunto y apenas supera la altura de la casa. A su alrededor un espléndido jardín (hoy algo descuidado) que pudo ser obra de Mr. Grandpont, el jardinero que trajeron los Selgas para diseñar su maravilla en El Pito.

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Se nota que me gustó la celosía.
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Me acordé de esta torre a propósito de la última entrada sobre El Marciel donde puedes ver al fondo -en alguna foto-  la Casa Amarilla del indiano Fermín Martínez. Siempre me encantó -por entrañable- la anécdota sobre este indiano. Se encaprichó de la casa del Marques por su torre y quiso comprársela.  Al no conseguirlo, encargó a Manuel del Busto la Casa Amarilla en Somao, con la condición de que tuviera una torre igual -hexagonal, misma cubierta- pero más alta. Solo por despecho.

La casa de Fermín Martínez en Somao, a la derecha.
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Alejandro BrañaQUIERO UNA TORRE

Comentarios

  1. José (Grado - Asturias)

    Fermín Martínez García, obtuvo el 28/04/1913 del Ayuntamiento de Pravia premiso para ensanchar y afirmar por su cuenta 50 metros del camino de Pedro Gordon de Somao.
    Entre el 11 y el 14 de febrero de 1934 se produjo un robo en su chalet de Somao, en el que se robarón 2 colchas de seda estilo árabe, unos prismáticos Zeiss, un gabán de caballero y ropa blanca con las marcas P.M.
    En 1934 viviendo en Madrid fue apoderado de Maximino Suárez Arango comerciante en La Habana, y para el que registro varías fincas de Somao.

  2. David Franqueira

    Las cuestiones de piques en las historias indianas le dan aún más interés, me recordó a Juan Granda en Grao con la altura de su casa. Quién diría que es la casa de un marqués… siempre me llamó la atención por su austeridad, pero el aire espartano exterior suele traer sorpresas interiores. ¿Has podido entrar alguna vez? Nunca me había fijado en la torre pero he de decir que la de la Casa Amarilla es algo más agraciada (en vistas y en luz).

    1. Autor
      Alejandro Braña

      David, no entré nunca pero el jardinero me dijo que no queda nada original dentro. Le creo. Cuando estaba haciendo fotos en la terraza de la casa, pegué la nariz a una de las ventanas y pude ver el interior de un salón sin ningún interés y desde luego que no era el de la casa original. Algunos grandes almacenes no existían en el XIX, ya me entiendes…La experiencia nos demuestra que lo de los interiores es -parafraseando a Forrest Gump- como una caja de bombones, nunca sabes cuál va ser maravilloso. Y nunca se puede juzgar por el exterior.

  3. Mª Luisa

    Me viene a la memoria, una anecdota que tú nos contaste, sobre un indiano que quiso comprar una casa con torre, y como no se la vendieron, edifico la casa amarilla, y le puso una mas alta. ¿Acaso fué este marques, quien se negó a venderla?

    1. Autor
      Alejandro Braña

      Mª Luisa, no leíste todo el texto. Precisamente decidí hacer esta entrada -que no tenía prevista- al ver la Casa Amarilla y recordar la anécdota. Es ésta la casa que el indiano trató de comprar.

      1. Mª Luisa

        Es verdad Alejandro. Absorta en las maravillosas fotografias, y acordandome de la anedocta, me he lanzado a comentarla, y se me pasó el último parrafo; soy un caso; ja,ja.

        Las fotografias maravillosas, porque has sabido captar esas tonalidades de la yedra, que dan caracter a la casa. La pena es esa verja oxidada, a la que tendrán que restaurar, o terminará desapareciendo.

        1. Autor
          Alejandro Braña

          Mª Luisa, aunque la casa del Marqués no es muy grande, la propiedad sí lo es, y solamente los jardines requieren muchísimo mantenimiento. La belleza es cara de mantener.

  4. Nicolás

    Qué buenísima anécdota …¡! Y qué caprichosos venían algunos de Las Américas . El Sr. Fermín uno de ellos.
    Santo empeño en perseguir un estatus y confundirse con los ricos de toda la vida como si no hubiera pasado nada. Se ve un deseo de reconocimiento social que compense una vida de sacrificio fuera del lugar donde nacieron y se criaron . En muchas ocasiones unido, seguramente, a una necesidad de superar algún complejo de inferioridad .
    El caso es que muchos creyeron que rodeándose de piedras nobles resolverían sus males.
    Ya nos contaste , en alguna ocasión, algún caso similar: el palacio Cimiano, la torre Villademar , villa Rosita en Castopol, el Palacio Cienfuegos, o el palacio Montenegro ,…
    La casa Amarilla no es más , entonces, que un monumento al berrinche y a la pataleta por no haber conseguido lo que se quería . Una construcción desafiante e , incluso , provocadora . Un auténtico ” capricho Indiano “.

    SALUDOS

    1. Autor
      Alejandro Braña

      Mencionas, Nicolás, varias casas compradas y restauradas -a su manera- por indianos. Son más difíciles de identificar como indianas, pero todas tienen ese toque “especial” para no pasar desapercibidas. En cuanto a la Casa Amarilla, también me recuerda que dinero impone sus condiciones, incluso a un arquitecto tan prestigioso como Manuel del Busto. Tal vez éste tuvo que pensar en una casa alrededor de una torre. En todo caso no le quedó mal.

  5. Paloma

    Pues sin que sirva de precedente, a este Fermín Martínez le salió bien la imitación, porque consiguió -a mi gusto- una torre más lucida y elegante. Claro, que no es idea original…

    ¡Cuánto ego y poca humildad en muchos de estos indianos!

  6. LENA

    Dejando a un lado lo pretencioso de estos indianos y los berrinches que más de uno debió de llevarse, a mi lo que me parece increíble es que en las dos primeras fotos que nos muestras no se vea la comentada y tan traída torre. Es curioso que, aun no siendo de grandes dimensiones, es al fin y al cabo una torre y en teoría se tendría que ver desde todos los ángulos de la casa…y no es así.

    Por otro lado, la casa por fuera parece bastante normalita (salvo por la torre no hay grandes alardes arquitectónicos) sin embargo la hiedra, los miradores y balcones, junto con esa escalera logran darle un “no sé qué”. Si sumamos esos jardines que comentas, finalmente resulta un lugar muy agradable…

    1. Autor
      Alejandro Braña

      Lena, resulta curioso. Tendría sentido esa torre mirando al jardín si tuviera algún tipo de mirador, en plan contemplativo, pero es casi tan ciega como una torre defensiva. Creo que puso más interés en el jardín, quizás era lo que disfrutaba los veranos.

  7. LENA

    ¡Es cierto!. No me había dado cuenta…
    Con esas ventanitas tan estrechas yo creo que solo alberga en su interior unas escaleras…¿pero hacia donde?, ¿que sentido tiene hacer una torre así?.

  8. David Franqueira

    Alejandro, me acordé hace poco de que en su día, en la TPA hicieron una pequeña entrevista al propietario de la Casa de la Torre de Somao con motivo de las fiestas del pueblo. En esa entrevista, el propietario, decía que la torre tenía un revestimiento cerámico verde con bandas amarillas y que por el excesivo peso, hubo de rehacerse la torre hacia 1940 según los planos originales y optando esta vez por el zinc, para hacerla más liviana. Contaban también que el azulejo amarillo de la fachada se le añadió hacia 1914 por cuestiones de humedad. También leí, no recuerdo dónde, que los herederos desmentían la famosa anécdota pero.. cierto es que los rumores son rumores y, por lo general, los criticados no suelen confirmarlos. Siempre hace falta algún cotilleo de las casas sea cierto o no confirmado! Saludos,

    1. Autor
      Alejandro Braña

      Gracias David, no sabía lo de la torre. En cuanto a la anécdota, la familia siempre la ha negado a pesar de haber bastantes referencias que la corroboran. No entiendo por qué, no es ningún agravio que el indiano se encaprichara de una casa que finalmente no pudo conseguir.

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